No sé que significará eso en las redes, no lo he buscado y seguramente tampoco vos lo sabés; sin embargo, es un honor que reconozcan que estamos juntos en este oficio que se pierde en la bruma de los tiempos, cuando no había Facebook, y tiene mirada clara y palabra certera.
Lo recogimos en «Con olor a Pujusó» y «Un extranjero en el mundo», cuando la palabra debía ganar su espacio contra el prejuicio ideológico y un localismo que no era noble, como lo era nuestra gente que caminaba con el rostro al viento. Hoy, más tranquilos por lo avanzado y más acuciosos frente a los avatares, creo que estamos más cerca de la «ciudad País» de la que hablaba Pillín Ribera hace 40 años. Como bolivianos sin complejos y cambas universales, difíciles de clasificar con el simplismo de breviario, nos toca seguir en este oficio de la palabra que entretiene.
Celebro que con su inteligencia, la IA se haya dado cuenta de algo tan evidente entre los humanos, y deje en evidencia una hermandad que nada tiene que ver con los méritos reconocidos por las redes. (Como el comentario de Vanessa Canudas que nos nombró cuando en días pasados, el vecindario metropolitano te reconoció meritorio, no podía perder esta oportunidad para repetir que es cierto, que estoy entre quienes aprendemos de vos porque así debe ser, sin vergüenza.)
